En la red sin enredarte

Ser impar es prácticamente un sinónimo de ser un buscador. Dejando a un lado casos puntuales que no siguen una pauta natural de integración, el impar -sobre todo si estrena esta situación- se mantiene en una búsqueda abierta presionado por el deseo, a veces necesidad imperiosa, de renovarse encontrando nuevas relaciones, nuevos afectos, nuevas experiencias que le consuelen ante la pérdida no deseada, o le afiancen ante el cambio.

La eclosión social que ha supuesto el colectivo emergente de personas sin pareja ha propiciado que poco a poco vayan apareciendo iniciativas que tratan de responder a esta nueva realidad social, y que, venciendo reticencias y prejuicios aún existentes, van abriéndose camino ampliando los horizontes de gran cantidad de personas.
Pero aún así, está claro que a pesar de encontrarnos en la era de la comunicación, el estilo de vida de nuestro entorno actual no facilita el encuentro, el cara a cara, la comunicación interpersonal. Cada cual se sumerge en sus obligaciones cotidianas de manera que apenas le queda tiempo ni espacio personal para dedicar a cuidar las pocas o muchas relaciones existentes -a veces ni siquiera las familiares-, mucho menos para responder al reto de entablar otras nuevas.
Ante la necesidad de renovación, que conlleva ampliar el círculo de relaciones personales, el impar encuentra en internet a un potencial aliado. Pero como sucede con cualquier carretera, también por las vías de la red hay que circular con la suficiente precaución para evitar encontrarse con obstáculos o destinos imprevistos.
• A través de diferentes canales, la red abre un mundo de posibilidades de relación de acuerdo a los objetivos de cada cual: con personas diferentes o, por el contrario, potencialmente compatibles, por edad, aficiones, profesión, etc.
• Permite conocer a otras personas con un mínimo riesgo personal, y profundizar en las relaciones satisfaciendo necesidades íntimas de afecto, sexo, comunicación, relación humana, en suma.
• Elimina de la comunicación la presión del cara a cara, favoreciendo la posibilidad de apertura y expresión, lo que resulta atractivo sobre todo para personas que sienten cierta dificultad para las relaciones sociales: timidez, inseguridad, falta de habilidad para el trato…
• Optimiza el tiempo que se dedica al cultivo de nuevas relaciones, al permitir una pre-selección que aumente la posibilidad de éxito en el contacto posterior cara a cara.
Las posibilidades son muchas, pero como en cualquier otra relación humana, el éxito dependerá sobre todo de la claridad de intenciones, de la sinceridad en la comunicación, y del equilibrio que se establezca entre lo que cada uno aporta y recibe.
Y no olvides que la red, aparte de ofrecer tantas posibilidades, puede resultar también una fuente de riesgos que es importante conocer para poder eludir:

¿Con quién me comunico en realidad?
Existe un hándicap fundamental en las relaciones por la red, cuya raíz estriba en el amplísimo margen que existe para la interpretación de la comunicación del otro. La carencia de señales físicas, de impresiones y sensaciones que aporta la presencia real no llega a subsanarse ni siquiera con los sistemas de video o web cam y supone encontrar un vacío de información que la persona completa proyectando casi inevitablemente sus propios deseos, necesidades y fantasías. Una interpretación irreal puede llevar a dos personas a encontrarse cada uno en un extremo de la red viviendo un mero sueño, convirtiendo esta relación en un mero 'yo con yo'.

El placer solitario
La fantasía resulta aparentemente más placentera que la realidad, aunque es como una pompa de jabón, que al tocarla se desvanece. El escribir en soledad permite expresar pensamientos, deseos, sentimientos y acciones que quizá resultarían impensables en una interacción cara a cara. Este tipo de comunicaciones crea, además, una sensación falsa de intimidad, que resulta a la vez placentero e inquietante. En el contacto personal las personas podemos engañarnos, pero tarde o temprano la realidad nos aterriza con su prosaica verdad, y una interpretación fantasiosa se viene abajo ante un gesto, una mirada o un suspiro… la realidad es exigente, y la persona que vive sus propios sueños en la red puede llegar a preferir sus fantasías, conformándose con sus vivencias 'virtuales', y eludiendo el riesgo de enfrentar realmente el cara a cara, la vida real e instalándose en una forma de relación poco sana, porque elimine la realidad y la sustituye por un sueño, una mentira bonita.

El aterrizaje forzoso
Ciertamente a través de la red es posible profundizar en el conocimiento de otra persona y, si ambos son sinceros y abiertos en sus intenciones y en sus manifestaciones, puede resultar un buen comienzo para establecer después un contacto personal con esperanzas de éxito.
El engaño, el juego, el manejo interesado de las situaciones es un riesgo innegable, más peligroso quizá que en el contacto personal, por la limitación de señales que supone la carencia de comunicación no verbal. La persona que entabla una relación por la red ha de conocer este riesgo y adoptar unas mínimas precauciones.

El autoengaño
Pero existe otro riesgo en el que cualquier persona puede caer de forma casi inadvertida, y es el que proporciona el autoengaño. La imagen idealizada del otro, la relación maravillosamente inventada, motiva para establecer el contacto real, y entonces -a veces de forma instantánea, en ocasiones un poco más adelante-, llega el momento en que la realidad demuestra que el otro era muy diferente a como se había imaginado, siendo en ambos casos: engaño y autoengaño, fuente de decepción, frustración, malestar y sensación de fracaso.

Debes tener en cuenta…

• La red ofrece la oportunidad de abrir un camino, pero es importante ante todo no creerse inmune a los riesgos. Ser consciente de ellos y autoevaluarse periódicamente de forma honesta permitirá disfrutar sus beneficios y eludir sus riesgos.

• No tengas miedo a la red, pero tampoco la conviertas en la única fuente de relación interpersonal. Como todo en la vida, la clave se encuentra en saber mantener el equilibrio. El riesgo de la dependencia se minimiza si la persona sigue en contacto con la vida real, y enfrentando el reto de encontrarse con los ojos de los demás.

• Limita en lo posible el margen para la interpretación. Una mera autoobservación puede ofrecer una vista panorámica de la enormidad de información que nos inventamos…

• Ten presentes tus propios objetivos ante una relación por la red; esto marcará el momento en el que resulta imperativo contrastar cara a cara la imagen que estás creando de tu interlocutor/a.

• No olvides que, para cualquier persona, mantener abierta la búsqueda de renovación será siempre un síntoma de salud, de ganas de aprender de la vida y de las personas, de ilusión por descubrir cada día algo nuevo, rico, diferente.

Carmen Molina Ortiz de Zárate
Psicóloga

Fuente: RevistaImpar